A su lado y por la diferencia de estaturas y corpulencia, Carlo Fiero se sintió pequeño. Allí estaba de pie, disfrutando del gigantón semidesnudo Dalton Sirius rozando su cuerpo con las manos y los labios, besitos que iban y venían por su cara y su cuello. Él le apremió conduciendo sus manos hacia la única prenda que le restaba por quitarse, los calzones. Carlo deslizó la tira hacia abajo y a la altura de sus caderas, dibujando un precioso arco, un tremendo pollón que parecía una morcilla gigante y gorda, salió a su encuentro.

Más tarde pensaría en qué hacer para disfrutar de ella por el culo sin que se lo abriese por completo hasta dejarle el hueco de su vida, por ahora su cuerpo le pidió rendirse de rodillas y comenzar a mamar. Se la cogió con la mano, aplastando los vigorosos huevos por debajo y se calzó la punta por la boca. Al primer roce de sus labios aquella polla alcanzó su grado sumo. Tan sólo el cipote conseguía rellenarle la boca por completo, abierta de par en par y de moflete a moflete,una barbaridad.

Siempre había deseado tener una polla así de grande para él solo, y ahora que la tenía enfrente ni la boca le daba de sí para tragarla entera como él hubiera querido y como había soñado. Lo que no pudo suplir con la boca, lo hizo con los dedos de la mano, tatuados de amor, pajeando y arrugando el pellejo que recubría esa obra de arte empalmada. A él también se le estaba poniendo dura al descubrir la pollaca de ese macho. Quizá su culo tuviera más suerte tragando.

Dalton se tumbó sobre la cama y Carlo aprovechó para tomárselo con más calma. Durmió su cabeza junto a la polla acostaba, atrapóla piel de los huevos con los labios dándola de sí, recogió la punta del rabo con la boca pasándola de horizontal a posición verticar y tragó a su propio ritmo.

El culazo de aquel chaval guapo adorándole la polla llamó su atención. De piel blanquita y grandote, seguro que sería un recipiente perfecto para acoger su trabuco. Enseguida se acercó a saludarlo con saliva y unos buenos dedacos. La sorpresa fue mayúscula. Descubrió una raja inmensa y un ojete de vicio preparado para tamaños de rabo copmo el suyo y mucho más. Con la boca no había podido darle caza, pero ese portentoso culo seguro que hacía maravillas con su picha dentro.

Mientras se lo repasaba con la lengua y los pelos de la barba, Carlo apagaba sus gemidos contra el colchón con el culo en pompa dejándose hacer. Primero la humedad de la saliva inundándole el agujero y después un dedo gordo que parecía una polla. La antesala a lo gordo que se le iba a clavar por el culo y de lado en breves segundos. Impulsado por el movimiento de los muslos de Dalton, Carlo se ensartaba una y otra vez sobre la polla a pelo de ese macho enviciado por el sexo.

Su pierna izquierda, apoyada sobre Dalton, no paraba de subir y bajar cada vez que se la metía. Justo al mismo tiempo, su culo no se forzaba por abrirse o cerrarse a su antojo, sino que se dejaba llevar y se amoldaba a cada cacho de polla que le iba entrando, notando cómo la raja delculo se abría a su paso como un general poderoso con ejército entraría por las puertas de una ciudad sitiada.

Aunque Dalton no paraba de elogiar ese acogedor culo, no pudo resistirse a los encantos de Carlo, guapo, fuerte y musculoso, con una buena polla descansando sobre su torso y que de vez en cuando pajeaba con la mano dándose cuenta de que no tenía nadaque envidiar a la suya excepto por el color, la de Dalton mucho más morenita por supuesto, morcilla curtida al aire libre. Aquello era casi como entrar en una casa ajena, coger a un tio guaperas recién despertado boca arriba, clavarle la polla y mirar cómo disfruta.

Se puso encima frente a frente para verle mejor. Puto cabrón qué bueno que estaba el Carlo. Le abrió las piernas para clavársela a fondo y el se quedó en medio metiéndole rabo. Le puso los brazos detrás de la cabeza, posado de chulito de playa terror de las nenas que le puso más cachondo. Le encantaba cuando Carlo miraba hacia abajo, o lo intentaba, hacia la zona de conflicto entre su culo y la polla, porque entonces se le marcaban los abdominales.

Hasta ese momento ni siquiera se la había logrado meter entera, sólo hasta la mitad, pero estaba tan cerdaco que se la clavó hasta los huevos, obligando a Carlo a poner las manos sobre sus muslos como intentando frenar el ataque follador. En vano eso sí. A cuatro patas Dalton admiró el culo que se estaba tragando su polla y que tanto le gustaba. El chaval, en lugar de ceder terreno, allí se quedaba con el culo al pie del cañón aguantando los caderazos.

Otra vez boca arriba, se desvivió por seguir follándoselo. Sería difícil pasar la siguiente noche sin él, el chico le estaba gustando demasiado. Asistió primero a la paja del guaperas con su rabo dentro. Carlo estaba a punto, entrecerraba los ojos, gemía y se pajilleaba con rapidez. Dalton le pidió su leche y él obediente no tardó en dársela, con los lefotes cayendo sobre su ombligo y Dalton jaleando la corrida.

Ahora le tocaba a él decorar el culito de sus sueños, dejando su marca como perro que mea en el árbol. Lo puso a cuatro patas y comenzó a pajearse la polla sobre el culo. Se deleitó amasando los cachetes con la mano que le quedaba libre y finalmente los huevos le estallaron de alegría con un primer lefazo tan potente que salió volando por el costado de la espalda de Carlo hasta mojar las sábanas. El resto de lefazos decoraron de color blanco el cachete izquierdo y la raja. Carlo sintió los chorretes y escuchaba por detrás los gemidos, casi gritos, de un macho corriéndose con su culo. Se sintió sucio como una puta con el culo regado de leche, pero eso le encantaba.

dalton_sirius_carlo_fiero

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