[MEN] Hector de Silva le planta a Dato Foland un chorrazo de lefa en los morros después de follarse el uno al otro

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Cuando Hector de Silva llega a casa, cierra la puerta y de fondo escucha el contestador automático. Lo primero que hace es ir al salón y allí se encuentra una inesperada visita, un tio con camisa ajustada y gorra sentado en su sofá. Hector pone en marcha su cabeza pensando si es que ha llamado a alguien para reparar la caldera o si le ha dejado las llaves a la vecina. Ahora ya no sabe si es el puto técnico, el electricista o quién cojones es, sólo sabe que el cabrón está buenísimo, sus ojazos, sus labios, su sonrisa, una cara guapísima, y cuando se levanta y empieza a hablar en no sabe qué idioma, le pone aún más cachondo.

El rabo de Hector empieza a despertar bajo la cremallera y a tirar hacia arriba, pero su instinto humano le lleva a querer echar de su casa a ese intruso. No sabe cómo pero llegan a las manos y cuanto más toca sus biceps y más se acerca a su cara más le apatece besarle y pegarle una mamada allí mismo. Todavía no sabe quién coño es y encima, para su sorpresa, el chaval le agarra de la corbata, le atrae hacia él y le pega un morreo que le deja loco.

Los pelos de la barbita y el bigote de los dos empiezan a rozarse con la intensidad de unos besos en los que se meten la lengua hasta la campanilla, comportándose como cerdos, dejándose llevar por su instinto sexual relamiéndose los labios. Hector nota que por la parte de abajo algo empieza a ponerse duro y no es sólo por su parte. Le habían dicho que besaba bien, pero el mejor comprobante era sin duda despertar la polla de un tio.

Como una caja de sorpresas empiezan a explorar sus cuerpos. Hector se detiene en los abdominales de Dato Foland, perfectos, duros, una tableta de chocolate formidable. Dato por su parte empieza a juguetear metiéndole toda la mano por la bragueta sobándole el paquetón. Apenas unos segundos más tarde los dos se sacan los rabos. El de Dato es como un plátano morenote, gordo y bonito, encapuchado. El de Hector tira alto, es largo y duro. Dato lo mira y lo toca bien con sus manos fuertes, comenzando por oprimirle las pelotas.

La paja cruzada no tarda en llegar, echándose mano uno al otro a la polla contraria. Cómo ha podido ocurrir esto se pregunta, cuando de repente ese desconocido está de rodillas apretando los labios contra su polla. El cabrón no se conforma con chupar, sino que aprieta fuerte y le desplaza la piel del rabo hacia adelante y hacia atrás proporcionándole más gusto todavía. Hector aprovecha para ir quitándose la corbata y desbrochándose los botones de la camisa mientras ese chulazo le sigue pegando la comilona del siglo, porque el tio no le deja ni un sólo centímetro sin chupetear.

Dato se levanta y Hector le ayuda a quitarse la camiseta para explorar mejor los abdominales. Durante esos segundos, sus dos pollas resbalan una sobre otra, la de Hector con babas encorvada hacia arriba y la de Dato curvada hacia abajo. Hector se va directo a los pectorales y va bajando poco a poco por la tableta de chocolate ruso hasta toparse con su polla. Aun sin saber de dónde ha salido ese tio, le come el nabo con mucho gusto, tragando hasta ponerse sus pelotas como barbilla.

No lo debe estar haciendo tan mal cuando lo pone tan cachondo que el chaval termina cogiéndole la cabeza y follándosela. Quién le iba a decir que estaría de rodillas en su propia casa comiéndole la polla a un desconocido que apoya su trasero sobre el sofá como si fuera suyo. Y no solo eso, sino a cuatro patas sobre su propio sofá. La verdad es que el culito ya se le estaba abriendo un poco ante semejante chulo, pero saber que ahora estaba detrás de él, mirándole la raja, sintiendo sus manos fuerte, calientes y grandotas palpándole el trasero, le hizo desear aún más que se la metiera.

Sentir su lengua sumergiéndose en su interior y los labios presionando su ojete fue como estar en el cielo, pero más aún cuando la polla le entró recta por el culo y el tio empezó a aplicar fuerza con todo su cuerpazo para sacudirle y follárselo de calle. Ya no sólo habían dejado, no sabe quién, entrar a un completo desconocido dentro de su casa, sino que encima él lo estaba dejando entrar dentro de su sagrado ojete. Todo había sido tan rápido que era para alucinar.

Lo único que sabía era que le estaba dando mucho gustito y que a medida que se la iba metiendo más y más, las piernas le flojeaban y se le iban abriendo. Le molaba tanto el tio que echó una mano hacia atrás para sentir el tacto de su culete y sus espaldas tensos por la follada. Otra vez los dos de pie, dispuestos a intercambiar sus posiciones y otra vez el roce inevitable de sus pollas. Quizá ya no eran tan desconocidos como antes, de hecho ahora Hector conocía mejor a este que a muchos de sus compañeros de trabajo.

Dato se tumbó sobre su sofá y le ofreció su culazo. Hector no tardó en cogerlo y sumergir los morros entre esos globazos. Darle cera con la lengua en el ojete mientras le miraba a esa cara guapa que no paraba de gemir, era una gozada. Ahora hasta tendría que dar las gracias a quien le hubiera dejado pasar dentro de su casa. No le pasó inadvertida la polla encapuchada que tenía delante de sus narices mientras le saboreaba el agujero, así que se la cogió y le pegó unas caladitas bien guapas.

Antes de metérsela, le cacheó el ojete con el rabo dejándolo caer encima con un par de hostiazos para ver la respuesta. Sucedió lo que esperaba, unos gemidos apagados y el culito que se abría para él. Ya lo tenía listo. No esperó más y se la metió dentro. El cipote y la primera mitad del rabo le entraron de vicio, pero para meter el resto tuvo que darle un lento empujón. Fue ese empujoncito el que le bastó para poder follárselo, sacando y metiendo la barra entera de puta madre.

Joder, qué rico que estaba el cabrón, ahí tirado de espaldas contra el sofá, musculoso, fuerte, con los abdominales a plena potencia, abierto de piernas completamente para él. Eso era mucho mejor que el plan que tenía en mente antes de llegar del trabajo, donde se imaginaba tumbado viendo una peli después de cenar. El tio no dejaba de mirarle con esos ojos verdes penetrantes mientras se la metía, de tan guapo que era se sentía casi en la obligación de penetrarle el doble de rápido por estar tan bueno.

Los dos estaban super cómodos con la postura, Dato tumbado como un rey y Hector de rodillas con la polla ensartada en ese portentoso culazo. Vaya que si estaba a gusto Dato, gozando de su rabo y a la vez meneándosela para paja. Notó que el cuerpo se le tensaba y remitió el pajote quedándose durante unos segundos quieto, los que tardó un gustillo indescriptible en recorrerle la columna hasta que empezó a soltar chorros de lefa por la polla como si fuera una puta fuente, con tanta potencia que acabó con la barbilla recubierta de leche.

El mismo gustillo le estaba ya recorriendo a Hector todo el cuerpo. Se quitó rápidamente el condón y se pajeó con la intención de lefar esos abdominales que tan cachondo le habían puesto, pero Dato echó al traste sus planes para hacer algo mejor. Acercó la boca en el momento justo para recibir un potente chorrazo de semen que le dejó decorados los morros. Estaba tan rica la leche que abrió la boca entera y sacó la lengua para los siguientes, pero las pollas son tan putas corriéndose que nunca se sabe dónde van a disparar y los últimos tiros le regaron los pectorales.

Lo que sucedió después ya es otra historia, pero cuando Hector cierra los ojos cada noche, aún se sigue preguntando de dónde vino ese extraño desconocido con el que terminó pegándose un morreo cubierto de lefa, con sus labios resbalando, uniéndose y separándose con el blanco de sus cojones que se vaciaron como nunca aquella vez.

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