Para Viktor Rom que está tan bueno, tan bien dotado por la naturaleza, tan macho y con tantas ganas de sexo, muchos de sus encuentros son como una primera noche de bodas. Ahí donde el resto de la humanidad se queda “esperando a Laura” durante años y años para meterla por primera vez y desflorar un agujerito en la luna de miel en algún paradisíaco paraje perdido en algún rincón del mundo, él tiene la posibilidad de desvirgar ojetes una y otra vez sin descanso y en cualquier lugar, ya sean culos jovencitos y suaves o veteranos y peludos, grandes y pequeños, morenotes o blanquitos, todos están deseando para esa primera vez a un buen macho empotrador que sepa meterla bien y que no falle.

Su polla gorda, grande y morena sabe abrir culos como si fuera un mando a distancia de un coche, su simple visión activa el mecanismo de la puerta dejándole acceso libre, más que libre, sin restricciones de ningún tipo, sin placa ni protección. Donde otros tantean y sienten la presión de la primera vez, él está tan acostumbrado a abrir agujeros que ninguno le supone ningún problema, aunque le encanta hacerlo porque cada culo es diferente y es una sensación nueva.

Como jefazo en la empresa, gran parte de su éxito lo debe a su dureza. Más de un empleado ha salido por la puerta de su despacho llorando, no por sus exigencias, sino por lo profundo que les ha metido la manguera por la garganta. Cuando Marc Ferrer se enfrenta a la puerta del jefe lo hace sudando, con ansiedad, recordando la de veces que ha visto salir por allí a sus compañeros con la cabeza gacha y sin soltar una sola palabra. ¿Será tan malo lo que ocurre ahí dentro que nadie lo menciona?

Está a punto de comprobarlo cuando su jefe se pone en plan agresivo por los informes incompletos, se lo achaca y como respuesta Viktor se levanta con un pedazo rabo descomunal saliéndole por la bragueta, se la agarra y, como si fuese un mazo de juez del distrito dictando sentencia, lo deja caer con fuerza sobre la mesa metiendo unos sonoros pollazos que lo dejan con la boca abierta.

Aunque sí se aparta del susto al principio, a Marc le puede más el deseo y acaba inclinándose sobre ese mazo potente pegándole una rica caladita que su jefe le agradece con un gemido de gusto. No puede cogerla de los huevos porque el pantalón se lo impide, pero sí posa los dedos ligeramente en la base para tragar todo lo que pueda. Seguramente no entienda del todo todavía por qué sus compis salían como salían por la puerta, pero al menos ahora empieza a comprenderlo.

Le encanta el saborcito, el contacto de su lengua rodeando el prepucio, las venas como buenos tropezones en el camino. Nunca había tenido una tan gorda entre los labios completándole tan bien y desea no acabar nunca de mamársela, aparte de por el gusto que le proporciona al paladar, porque imagina que cuando acabe le pondrá de vuelta y media y verá cómo su culo sufre el ataque de esa pedazo de anaconda y tiene miedo de que no le quepa por el culo de los ancha que es.

El cabrón se hace un hueco colándose por debajo de la mesa, cumpliendo así el sueño de chupársela al jefe mientras trabaja. Lo bien que se rendiría en el trabajo pudiendo hacer eso todos los días para liberarse del estrés, meterse bajo la mesa, sacarle la polla y mamar hasta hartarse. Intenta llorar como sus colegas para ver si resiste, metiéndosela hasta que el cipote se le cuela por la garganta. Viktor grita de júbilo y a Marc le importa una polla si los demás están tras la puerta escuchando. Que se jodan, que menuda tranca se está comiendo.

Se la deja bien sudadita pringándola son saliva y sabe que ha hecho bien cuando lo levanta y le lleva delante de la mesa, pero cuando imagina que lo va a poner a cuatro patas, le agacha y le deja chupar otro rato, esta vez sacándose los cojones gordos y grandes por fuera. Marc le pega un masaje con la boca en los huevos que no olvidará en toda su vida, hundiendo los morros entre las pelotas, chupando un cojón y después el otro, poniendo la polla dura enfilada hacia arriba a punto de escupir leche.

Ahora ya sí no hay vuelta atrás, se acabó comer polla al menos de momento, él ha hecho todo lo que estaba en su mano, o mejor dicho, en su boca. No sabe si estará preparado, si su ojete será del agrado de su jefe, pero se pone de espaldas, alza una pierna sobre la mesa y le deja abierto el culo. A lo mejor no confiaba mucho en su culete, pero le debe haber molado bastante cuando nota cómo le mete dentro hasta la barbilla, puede sentirla por la raspadura de la barbita afeitada. Poco a poco empieza a sentir cómo le chorrea el ojete con tanta saliva, Viktor parece un sediento comiendo una raja de sandía.

Cuando su jefe se levanta del suelo, Marc mira hacia atrás y siente vértigo. Viktor tiene la polla completamente dura y empinada hacia arriba, más gorda y gigante imposible. Prefiere volver a mirar hacia adelante y que pase lo que tenga que pasar. Para su sorpresa, nota cómo el cipote húmedo y caliente se le clava dentro y con él todo el tronco que le sigue. La saliva como hilo conductor ha sido todo un acierto para que le entre algo tan grande. Todavía no siente la bolsa de los huevos golpeándole el culo, pero pronto llegará. Sí puede sentir las caderas en los cachetes, señal de que están cerca.

Boca arriba sobre la mesa, nunca le había gustado tanto ver a su jefe cabreado de esa forma, con toda la rabia reflejada en su rostro, blandiéndole el ojete con su espada, sacándola entera y metiéndola de una estocada. Ya sabía que su jefe era un macho potente follador de culos, pero ahora que ya le ha visto la polla, le entran ganas de comerle todo, hasta la punta de los pies si hace falta.

Llegó el momento de sentir sus huevotes duros palmeándole el trasero y sabe perfectamente qué posición adoptar para obtenerlo, desplazando la silla de la humillación y ocupando su lugar a cuatro patas sobre el suelo. Viktor dobla las rodillas lo suficiente como para dejar el pandero entre sus piernas y endiñarle el rabo. Después es él el que se tira por los suelos y deja que su empleado cabalgue sobre su polla.

Tumbado sobre la mesa, con la cabeza justo donde la secretaria le deja al jefe la taza de café con leche cada mañana, Marc pone la cabeza, abre la boca y saca la lengua. Junto con un gruñido de rabia, comienza a sentir el calorcito de unos buenos pringues de lefa inundándole el interior de la boca, posándose sobre su cara. Se relame con el gustito de la leche dentro y sólo acierta a posar los labios sobre el cipote haciéndolos resbalar ahora que están mojaditos. Escupe la lefa sobre la mano de Viktor, que se embadurna con ella de nuevo el rabo y, con el puño chorreando de semen, se la mete por el culo con nuevo lubricante de macho. A partir de ahora Marc ya sabe lo que tiene que hacer, su trabajo lo peor posible, la único forma de recibir las atenciones del más grande.

Marc-Ferrer-Viktor-Rom

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  • Didrik

    Me encanta lo salvaje que es Viktor y la pedazo de comida de culo que le regala a Marc, parece que se lo van a quitar y quiere comérselo todo enterito antes de que lo hagan.

    • Me encantaría poder coger con mi mano el pollón de Viktor y pegarle una calada, debe estar de rico…

NUEVO!!

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