Amante de la lectura, Marco Sanz se pasa las tardes tras el instituto encerrado en su habitación devorando libros la mayor parte del tiempo y ya tiene hasta cogida la hora de la pajilla diaria, justo esa a la que sus padres aún no han llegado del trabajo. Por si acaso cierra la puerta a cal y canto, que se moriría de vergüenza si alguno de los dos le pillara in fraganti con el rabo en la mano dándole candela, que a punto han estado en más de una ocasión cuando estaba pajeándose en la ducha del baño.

Las cosas son diferentes con su tio Lucio Saints, que siempre anda medio en bolas por la casa. Con él se ha ido a pasar todo el fin de semana aprovechando que sus padres se han ido de vacaciones y ahí ni puertas cerradas ni hostias, de hecho más que tio y sobrino, de ver su relación cualquiera diría que son familia si les viera en ciertos momentos, porque al chavalín a pesar de llevarse una edad entre ambos, ya se lo ha llevado de putas como aquel que dice, incluso merendando ya le ha llegado a poner una porno en la tele mientras observaba cómo su tío se galopaba la polla viendo los rabos perforando culos y bocas. Por eso le mola estar con su tio. Allí se siente totalmente libre para ponerse en calzones y seguir disfrutando de su lectura.

Lo que no imagina es que ese fin de semana, su tio Lucio le va a enseñar cosas que van más allá de una relación familiar, cosas que le van a dejar el culo tan abierto que no podrá andar de la misma forma nunca más. Sabía que su tio era un máquina sexual, pero nunca pensó que por ponerse boca abajo enseñando el molde de su culito respingón, el simple hecho de esa imagen, le iba a poner tan cachondo al verle por el resquicio de la puerta, que iba a estar a los pocos segundos sobre su cama metiéndole mano hasta llegar a la raja de su culo.

Marco nunca había pensado hasta ese momento en chicos, bueno, quizá un poquito, de hecho le molaba mucho pajearse viendo las tetas de las mujeres de los retratos en los libros de arte, sí, era de ese tipo de chicos que se pajean viendo las tetas naturales de las fotos de la National Geographic. Pero en cuanto se encontró entre los brazos fuertes de un macho como los del tito Lucio, que ya le estaba comiendo la boca casi sin dejarle respirar nada más que sus babas, cuando lo cogió del culo con una mano y lo arrastró hacia sus caderas, cuando le pasó la pierna de muslos grandotes entre su entrepierna y pudo sentir su calor, la polla se le puso dura y le encantó la idea de abrirse por completo y abandonarse al placer de todo lo que le quisiera hacer.

Se le puso encima y vaya que si se abandonó a la fuerza y las ganas de ese cuerpo caliente. Sintió algo duro y grande posándose y frotándose sobre su pierna. Se le escapó un gemido de gusto al notar que se la estaba pajeando con su cuerpo y que lo estaba disfrutando. Si se lo llega a contar a sus amigos no le creerían, que su tio metió la cabeza entre sus piernas, que le cogió el rabo duro, le pegó una mamada al pollón y le absorvió todas las pelotas. Tiene cojones, que se la estaba reservando para la princesa de su clase y ahora ya jamás podría regalársela intacta porque sangre de su propia sangre se la estaba empapando en saliva y menudo gustito le estaba dando al cachorro, tragándoselo hasta la garganta.

Su tio Lucio no tendría ni idea de historia y de arte, pero menudo arte tenía el cabrón comiendo pollas. Pollas y ojetes, porque cuando le puso de vuelta a cuatro patas y se adueñó de su trasero, deseó que se la metiese hasta el infinito. Notaba el calor áspero de una lengua húmeda recubrir su entrada y después el fresquito del aire al contactar con la saliva que le había dejado encima. Podía escuchar el rechupeteo detrás suya y lo que imaginó le dejó medio mareado.

Pensar en su tito más guapo era como pensar en sexo todo el tiempo. Sólo él se preocupaba por enseñarle cosas nuevas, no como el resto que no le hacían ni caso creyendo que era un gusano de biblioteca. Su tito Lucio sí sabía lo que le gustaba y se lo daba y enseñaba todo. Bueno, todo lo que se dice todo no, tenía un secreto guardado para ese finde, por fin le iba a dejar probar a qué sabe el rabo gigante de un macho empitonado, ese que sólo había visto cuando su tio se pajeaba delante de él viendo las pelis porno.

Me cago en la puta, si hasta llegó a desear y le dio un morbo increíble el pensar que sus padres llegasen justo en ese momento y le viesen zampándose el bollo, a cuatro patas mamándole la polla gigante a su tio, que no conseguía abarcar ni con la boca y las dos manos posadas en el tronco. A su padre seguro que le daba algo, sobre todo porque antes de ser novios, su madre ya había tenido el gusto de probar esa polla morena y gorda. Marco llegó incluso a imaginar lo que diría a su padre y cómo si apareciese por esa puerta, ladearía la cabeza sin sacarse el cipote de la boca y con la boca llena le diría: “mira papá que buena está, mira“.

Otros tíos y sobrinos estarían en ese momento jugando a la pelota, pero Marco estaba jugando con las pelotas de su tio, que no era lo mismo ni por asomo. Las pollas no mienten y esa tan dura y grande demostraba que él era su sobri preferido.

La mamada tan sólo había sido el principio, se dio cuenta cuando estaba tumbado boca arriba y su tio le metió un dedaco por el agujero del culo. Joder si lo tenía de gordo como una polla, qué gusto metiéndosele por el ojete, y eso que el grosor del dedo no era ni la cuarta parte de lo gorda que era la polla, si al final se decidía a tirárselo, lo iba a destrozar vivo. Pero a pesar de todo, confiaba en su tito mientras se enfundaba el condón en el rabo, él sabía dónde y cómo meter la polla.

Le dolió al principio, pero se la metió con mucho cariño y se preocupó por él cuando gritaba. Su tio necesitaba satisfacer ese pedazo rabo inmenso y no sería él el que dijese que no al complemento perfecto de semejante polla, su culo. Por eso desplegó las piernas, plantó un pie encima del muslo de ese macho e hizo lo que tenía que hacer, dejarse llevar y disfrutar de una familiar follada en la que no fue consciente pero mencionó a Dios, a la virgen y a todos los santos de los cuadros de sus libros de arte.

Fugazmente se le pasó por la cabeza una idea perversa y maravillosa, pensar que su madre tuvo que disfrutar de lo lindo con aquel tronco deslizándose por su coño y que hasta él mismo bien pudo haber sido fruto del semen que se agolpaba en esos huevazos que ahora le rebotaban en el culo. Y a saber si en ese momento en lugar de follar tio y sobrino no estarían follando padre e hijo sin saberlo.

Esa idea más que echarle para atrás lo animó a ponerse más cachondo todavía y se cabalgó a su tio Lucio, se emborrachó de polla el culo hasta que le rebosó mientras se la clavaba y empezó a pegar saltitos notando cómo le iba a estallar el ojete. Qué fuerza imprimía el cabrón desde abajo alzando el culo hermoso y los muslos metiéndole una clavada. Mientras tanto, el roce de su picha contra los abdominales de Lucio le estaban proporcionando una nutritiva y suave pajilla que acabó con un un final inesperado e impactante para su tio.

Lucio sabía que su sobrino tenía un talento oculto, pero tuvo que profundizar bien con la polla para descubrirlo. Fue metiéndosela por el culo cuando lo descubrió, cuando varios escupitajos blancos de leche comenzaron a salir de la raja de su polla y le alcanzaron toda la jeta. Puto cabrón de su sobrino, le había puesto de punta en blanco con el semen por toda la cara. Marco casi le pide perdón, pero no le dio la gana y por eso recibió su merecido, ese que en realidad estaba deseando. Su tito le plantó la polla encima de la cara y le obligó a comerle los huevos. Mientras se los chupaba con la lengua, sabía que esos pedazo cojones estaban a reventar de leche. Su tio le colocó la cabeza en posición, apuntó con la polla y él cerró los ojos sintiendo la lluvia de lefa caer calentita, resbalando por su cara y las orejas. Se sintió como un flan con nata encima o mejor aún, como esos relojes blandos de la persistencia de la memoria de Dalí, donde él era el espacio y el semen que lo cubría eran los relojes. Y vaya que si persistió eso en su memoria.

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          • Rodrix

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