[No es otro blog gay] El callejón

Mis sueños húmedos a menudo me conducen por un callejón en el que un grupo de chavales guaperas, con gorrita, coleguitas de gimnasio, tatuados y malotes, se pegan unas risas en las escaleras de un caserón abandonado fumando y compartiendo unos porros. Paso por su lado y cuando ya les he dado la espalda y sigo mi camino, uno de ellos me silba por detrás. Intento seguir adelante sin mirar, pero el chaval insiste y me grita “eh tio!“. No puedo entonces evitar mirar hacia atrás y lo que veo empieza a encabronarme de mala manera, el más guapo y cachas del grupito, haciéndose un buen hueco con la mano en todos los cojones sobre el paquete que se le marca en los pantalones deportivos, guiñándome un ojo y ladeando la cabeza invitándome a acercarme a él mientras me suelta “ven a comerme la polla“.

manuel rua

@ ilustraciones por Javier Guijarro

Entre colillas y suciedad me arrodillo y se la empiezo a comer con mucho gusto, un rabo largo y tieso que huele y sabe a chico de barrio. Se la chupo como un cerdo, la tiene tan grande y tan llena de energía que sólo quiero que esa barra enorme me enchufe leche por todas partes, le planto los morros y le hago una paja a presión usando la cara para comprimírsela contra el torso, deslizando arriba y abajo sin parar, sintiendo cómo el cipote a punto de reventar me acaricia la frente y noto ahí las primeras gotitas de semen mojándome. Al final me llevo mi merecido, mientras observo a la izquierda que el resto de amiguetes del grupo se están cascando unas pajas viéndome mamar.

pacco2

El chaval me coge la cabeza con la mano y la retira a una distancia prudente, con sus dedos sobre mi pelo y el pulgar en la frente, reteniéndola para que no la mueva, pajeándose el rabo justo a dos palmos de mi cara con el capullo enfilado hacia mi boca. Un gemido de chico de barrio, al que le suda la polla que alguien se entere en la otra calle que se está corriendo de gusto, da inicio a una lefada llena de testosterona que me deja la cara blanca con el semen chorreando por mi barbilla y el pelo engominado. Guardándose el rabo pringado dentro de los calzones, deja espacio a sus colegas que me levantan y no paran de frotarme unas tremendas y grandes pollas por todas partes contra el cuerpo, uno por la raja del culo, el otro por la cadera y otro más que se adueña y ocupa la parte baja de mi torso.

Cuando quiero darme cuenta, soy consciente de que se están haciendo unas pajas ayudándose de mi cuerpo. Los gemidos ahogados de esos tres cabrones me tienen como en una nube, sentir la fortaleza de unos rabos duros ahí abajo como la piedra y por arriba unas bocas que no paran quietas. Soy su puta y lo sé. Casi los tres a la vez se ponen de acuerdo para pegarse el fiestón, como si los gemidos de corrida de uno impulsasen a los otros. Un chorrazo que me recorre la espalda y me llega hasta los hombros, noto el goterón que cae por el peso de la gravedad hasta perderse en la raja de mi culo. Otro chorrazo fuerte me golpea el sobaco y va cayendo por el costado y la pierna. A solas, el último que queda me agarra fuerte y me abraza mientras se pajea contra mi cuerpo como un mono follándose a un muñeco. Pocas veces me han querido tanto como para abrazarme tan fuerte. Otra vez un fuerte gemido y de repente un lefazo se alza entre nuestros cuerpos impactándome debajo de la mandíbula. A ese primero le siguen varios más y noto cómo la leche calentita se recrea entre nuestros abdominales.

Tarda un par de minutos hasta que entre espasmos decide separarse de mí. La polla que estaba atrapada descargando hacia arriba le cae pesada hacia abajo soltando las últimas gotas y a nuestros torsos les  cuesta separarse por la lefa pegajosa. Los cuatro tios se quedan bufando, medio sudados y limpiándose las pollas y la zona donde tienen semen utilizando la camiseta. Cuando el último que se me corrió encima termina de limpiarse, tiene la decencia de compartir su camiseta conmigo para limpiarme toda su lefa de encima. Casi antes de que acabe de hacerlo, noto en mi trasero el pie del cabecilla del grupo que me empuja hacia adelante para que siga mi camino. “Vuelve mañana puta” me dice, mientras sus coleguitas con el torso desnudo y recién brillante vuelven a ponerse las gorritas. Claro que sí que volveré a ese callejón ahora y siempre.

lujuriagrande

 

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  • colega

    Veo que tus fantasías y tus morbos son muy parecidos a los míos. A mí me hubiera molado aún más que en tu fantasía (¿o realidad?) alguno de los malotes te la hubiera comido o te hubiera hecho una paja, o incluso que se hubieran pajeado entre ellos.

    Por cierto, ¿de quién son los dibujos?

    • Los dibujos son de Javier Guijarro, puedes ver más si pulsas sobre el enlace o sobre ellos. Te invito a ver a mi nuevo vecino, jeje, está tremendo!

  • bocajr22_

    Me mola cuando comentas una escena pero deberías hacer más posts como éste. Me pones muy cerdo, tienes un estilo que calienta a tope y haces que se me revolucionen los bajos solo con leerte. Esta entrada y la de tu vecino son muy buenas.

    No me importaría que fueras tú el que me dijera “ven a comerme la polla”, jejeje. Un abrazo, tío.

    • Yo también me pongo cachondo mientras escribo 😛 mi vecino es mucho vecino, le voy a hacer un calendario. Tengo un relato por ahí dando vueltas desde hace meses a ver si lo subo. Muchas gracias y me encanta que te guste!

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