[Fucker Mate] El semental Hugo Arenas se pajea su espectacular pollón a solas

Imponente, bestial, ha bastado verle por primera vez en una sola fotografía para que se me acelerara el corazón, empezase a entrar en calor y sintiese la necesidad de bajarme los pantalones y los calzoncillos porque sin darme cuenta la polla ya no me cabía dentro de lo dura que estaba la cabrona. De pie, todo un pedazo de macho morenito, fuerte, musculatura definida y una cara de tio semental, de los que cuando follan te dan duro y ni siquiera son conscientes de la fuerza con la que empujan la polla dentro de la boca o el culo porque para ellos es lo normal en relación al tamaño de su cuerpo y su gran envergadura. Un vaivén del culo sin importancia, un ligero movimiento como la brisa que para el que lo siente por detrás no es brisa precisamente, sino un huracán que arrasa con todo.

Pensad en vuestro postre favorito por un momento. El mío es el chocolate. Algo que nos pasaríamos todo el tiempo del mundo saboreando sin cansarnos, que al simple contacto con la lengua ya es como si el resto del cuerpo se concentrase en toda nuestra boca para disfrutar de lo que nos hace sentir bien. Hugo Arenas es ese postre al que uno estaría chupando todo el puto día sin descanso de arriba a abajo para regocijo de nuestros sentidos.

Al ver a un tio así de imponente y macho delante no puedo evitar ponerme nervioso y que me entren los sudores. En lo primero que pienso, aparte de en la obvia belleza masculina, es en el tamaño de la polla. Siempre que veo a un tio tan grandote y fuerte, un rabo grande y grueso pasa a formar parte de sis fantasías. Lo imagino saliendo apretadito de los calzones, todavía relajado pero bien gordo, de los que cuando te lo metes en la boca ya te obliga a abrirla de par en par para que entre a lo ancho, de los que poco a poco vas notando cómo ese peso muerto del cipote enseguida se va hinchando hasta rozarte la lengua y el paladar suavemente y entonces, donde te cabía toda la polla entera, ahora sólo puedes abarcar su cabezón y poco más, teniendo que usar las manos y abrir más la boca para saciar las ganas y comerte una buena polla.

Sufro, por ellos y por mi, cuando veo a estos tios macizorros con los gayumbos o los pantalones de deporte con el rabo tieso por dentro. No es lo mismo una talla M para un chaval delgadito que para uno musculado. El delgadito siempre puede menear el culete y sacarlo hacia afuera para disimular un poco o incluso buscar un hueco donde hacer que parezca que se confunde con el móvil que lleva en el bolsillo, pero el macizo no tiene salida, eso se pone duro y no tiene dónde esconderla, cada vez se nota más y dependiendo de dónde esté y la situación puede pasar de todo. Lo mejor es que la situación en la que está ahora, todo para nosotros, es la idónea para que le ocurra y nos alegre la vista.

Estaba deseando que se la sacase. Ya la tenía dura debajo de las bermudas deportivas y me sorprende ver lo gorda que la tiene el cabrón. El primer pajeo con la mano suavecito ya revela que no la tiene del todo dura y eso es genial porque quiere decir que aún le va a crecer más. Un par de melocotones preciosos y del mismo tamaño, bien marcados y diferenciados, le cuelgan de la base de la polla. Enseguida se los coge con cariño subiéndoselos hacia arriba y comprimiéndolos junto con la polla en un agarrón de paquete al que le pega un buen meneo haciendo que el rabo le cilimbree al viento haciendo molinillos. A Hugo le encanta empuñarse las pelotas, oprimirlas, estirarse bien el escroto y pasear la mano por encima, lo que da a entender que el tio que se la coma, si quiere hacérselo como le gusta, tendrá que comerle todos los huevos como está mandado.

El pollón va adquiriendo poco a poco un tamaño considerable y las pelotas se le menean en consonancia con el movimiento de la mano subiendo y bajando por su grueso palo de semental. Con esa manaza tan grandota oprimiendo y pajeando su polla, habrá que esperar a que se folle a un chavalín para apreciar sus verdaderas dimensiones, cuando entonces una mano más pequeña se pose encima de ese trabuco todopoderoso.

El vicio de la paja va apareciendo en su cara. Mirada concentrada, la lengua humedeciendo unos labios también gruesos y que seguro deben comer las pollas con un gusto que se me hace la boca agua de imaginarlo, el torso musculoso y peludito que empieza a sudar, contoneándose del gustito. Lo que debe estar pasándole por la mente mientras se la casca, cuando alza el brazo, gira la cabeza y empieza a lamerse el sobaco y el biceps. Quizá está pensando en pasear la lengua por una polla tan gruesa como la suya o en que la posa sobre la raja del culito peludo de un chaval antes de metérsela.

Antes de hacerse con el aceite corporal, ya se las apaña dejando caer su saliva encima de la polla, pajeándola y dejándosela brillante y guapa. Ya vertiéndose el aceite sobre su hombro Hugo Arenas se vuelve irresistible por completo. Una locura ver el chorrete de líquido caer lentamente por el medio de su torso hasta alcanzar la base del pene, por el lateral hasta las caderas y el muslo. Mimente perversa lo imagina en un bukkake, lefadito y con toda la leche espesa de montones de tios resbalándole por el cuerpo hasta gotear en el suelo tanto amor de hombre.

Por un momento abandona su rabo para acariciarse y lubricarse todo el cuerpo, entonces la polla se le queda ahí gruesa y perfecta, mirando con el cipote hacia el frente y hacia abajo, como una polla recién corrida. El tio se tumba y se pone cachondo admirando el tamaño de su entrepierna, dándose sonoros pollazos en la barriga. Los resoplidos, gemidos y el contoneo de su pelvis arriba y abajo como si se estuviese follando un culo hacen presagiar que pronto va a descargar las pelotas. El movimiento de los huevos es bestial, se ve cómo le suben y bajan a cada pajeo pesaditos, cargados de mucha leche.

Para correrse, se sienta y se zarandea la polla a toda velocidad concentrándose sobre todo en la parte superior. Está a puntito y las piernas se le mueven por instinto hacia afuera y hacia adentro. Unos gemidos ahora más fuertes y seguidos terminan con un chorrazo de semen saliendo por la polla hacia arriba y cayéndole encima del cuerpo, al que sigue otro lefazo que le cae en la cadera y le resbala por los huevos y otro montón de leche que le sale con menos fuerza y que se le queda alrededor del capullo perdiéndose en parte por el interior del pellejo del rabo y el resto deslizándose por el tronco hasta manchar sus dedos. Leche de calidad y exquisita que no duda en relamerse mientras nos guiña un ojo y dejando su pollón, todavía tieso y suelto, con senderos de lefa calentita recorriéndolo. Puto crack, estoy deseando ver cómo se folla un culazo!

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Hugo-Arenas

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