[No es otro blog gay] El instalador chulazo pollón y su caja de sorpresas

Ahora que cada vez somos más, es un gustazo recibir en el correo cada vez más fotos vuestras, vídeos con vuestras pajas a los que os estoy respondiendo y que muy pronto sacaré poco a poco en el blog, de hecho hay un tio que me ha mandado varios videos y los voy a tener que subir todos porque son una gozada y tiene una polla muy rica, ya veréis. Hace poco inauguré el sello del blog con Alvaro y el primer corto porno gay. La respuesta, la cantidad de visitas y vuestros comentarios la verdad es que nos dejaron muy contentos tanto a él que era el que se prestaba a que 15,000 lectores opinasen, un valiente, como a mí, como blogger y que también disfruté antes de esa experiencia de mostrarme ante la cámara para que otros opinasen (y no salí mal parado tampoco).

Por supuesto el sello no estará abierto solo a vídeos, sino a todas las experiencias que se me ocurran o que se os ocurran y podáis plantearme y que nos hagan disfrutar a todos pasando un buen rato. Y entre esas experiencias está la literatura. El estar leyendo y que de repente se te arme la tienda de camapaña hasta sentir la necesidad de meterte un pajote, no tiene precio. Si alguna vez he conseguido eso en vosotros con mis palabras al descibrir una escena tal y como la sentía, entonces el objetivo está más que cumplido.

Más allá de las escenas, todos hemos tenido nuestras historias sexuales. 50 sombras de Grey no descubrió nada que no hubiese antes, es admirable la cantidad de relatos basados en la realidad o ficticios que muchos han escrito y no han sido bestseller pero nos han encantado. Antes me gustaba mucho leer estas historias en blogs de porno gay por toda la red, pero cada vez son más escasas, así que he decidido rescatar el género. Iba a poner un relato que escribí hace tiempo para empezar, pero prefiero hacerlo con este.

Mi colega madrileño Rubén, al que le da por encontrarse con Aday Traun en el metro por casualidad y encima el cabronazo me lo dice sabiendo lo que me gusta, es un follarín en toda regla y lo que más me mola es que no se corta un pelo, casi somos como dos almas gemelas en cuestión de gustos en lo que a sexo se refiere. Muchos que me seguís en twitter lo habréis visto, es @corridaenmicara, seguidle. Ha follado con tantos tios el cabronazo, que le rogué que me dejase publicar unas cuantas vivencias reales de las que ha tenido, que ya le daba yo mi toque literario para ponernos a todos cachondos. Y decidió comenzar por esta.

Las ilustraciones corren a cargo de Javier Guijarro, un amigo suyo que como podéis ver, es todo un artistazo. Podeis ver más ilustraciones suyas en su blog. Así que a leer y a disfrutar, anda que os quejaréis, un colega que escribe el relato real de otro y con ilustraciones de otro amiguete, lo nunca visto, jeje. Si os empalmais leyendo y mirando, me encantaría ver esas fotos enviadas a neobgay@gmail.com y las cuelgo al final del relato.

El instalador chulazo pollón y su caja de sorpresas

(relato basado en una experiencia real)

Madrid, un soleado día de mayo de 2013

Independizarse, una palabra que conlleva tantas responsabilidades como libertades otorga a partes iguales. Tener que hacerse la comida, lavar o plancharse la ropa, eso si un día no estamos muy apurados y tiramos de la family para poder completar el estresante día. Pero hostias, la cantidad de cosas que se pueden hacer cuando tienes una casa para tí solo, poder tumbarte y ver en la tele lo que te dé la gana, montar fiestecitas entre amigos, incluso esas de peli porno y paja de colegas en el sofá, llevarte a montones de tios a casa sin tener que dar explicaciones y follar con ellos en cualquier rincón con total libertad, quedarse en bolas por la casa, poner la música a todo volúmen y cantar como un loco. En definitiva, hacer lo que te salga de la puta polla.

Ese soleado día de mayo, Rubén, un chico dicharachero, simpático y muy abierto con la gente, alto, apuesto, moreno de ojos verdes y pelo castaño, recorría las calles del centro de Madrid, donde había encontrado su nuevo hogar y al que, con ayuda de sus amiguetes, había trasladado todas sus cosas para darle algo de vidilla, aunque todavía faltaban muchas para que aquello quedase en condiciones. Un precioso loft de aspecto vintage con espacios abiertos, la casa de sus sueños.

Antes de finalizar una dura mañana de trabajo poniendo al día varios titulares de contratos en la oficina, Rubén se dirigió a la cita con el técnico. Una de esas cosas que faltaban en casa para tener todo listo eran el teléfono e internet, de hecho estaba empezando a añorar los momentos a solas en que se cogía la polla, se ponía los vídeos de Dani Robles y no paraba de machacársela hasta soltar la lefa, anda que no le gustaba el cabronazo del actor, le ponía el rabo a punto de 0 a 100 en un milisegundo y encima ahora podría hacer eso sin tener que esconderse en su habitación y escuchando sus gemidos a pleno pulmón.

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Cuando a las 12h tocaron al timbre del telefonillo, Rubén no podía imaginar todavía que iba a dar un buen estreno sexual a esa casa con la persona menos esperada. Fue a abrir la puerta y se le cayó la baba al ver al chulazo que había al otro lado, un chaval de su misma edad, fuertecito y marcando biceps, guapísimo, pelo moreno y lo que más le moló, unos ojazos azul intenso que a Rubén le estaba empezando a entrar calor. Joder, si hubiera podido hacer en ese momento lo que le pedía el cuerpo, arrodillarse, descubrir su pollón y no parar de atragantarse de rabo mirándole a esos ojos. Ya que eso se aventuraba imposible, al menos iba a disfrutar un buen rato de su compañía mientras colocaba los cables y le dejaba hecha la instalación.

Rubén se quedó de pie todo el rato hablando con él, indicando cómo lo quería y dónde, resolviéndole varias dudas sobre la casa, algo que le extrañó ya que no tenía nada que ver con la instalación. Mientras colocaba los cables y sacaba los aparatos, no podía dejar de lanzarle miradas al trasero, a sus biceps ajustaditos a la camiseta en pleno trabajo y el chaval, cada vez que le preguntaba, volvía la cara y conseguía pegarle una estocada con la mirada azul, haciendo que el tiempo se ralentizase y creándole ese nerviosismo de ganas de follar. Ese chavalote le estaba molando mucho, pero no dejaba de ser un instalador haciendo su trabajo. Quizá se estaba confundiendo cada vez que se miraban el uno al otro, pero eso de que le mirase y le lanzase una sonrisa cada vez que giraba la cara y la conexión que tuvieron desde la primera palabra que cruzaron, no era simplemente una relación trabajador cliente.

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Lo notó mucho más, justo cuando acabó de hacer el trabajo, se levantó y empezó a mirar el loft, cogió el papel del formulario para la conformidad y, como si fuese su propia casa, se dirigió a la cama para coger asiento. Rubén se sentó al lado preparándose para firmar y se le empezó a revolucionar todo al sentirle tan cerca, olía genial, ese brazo fuerte cogiendo el boli, manos grandes, carita guapa y perfecta. El técnico se dio cuenta de que su cliente no estaba mirando precisamente el papel, le lanzó una mirada y ahí tan cerquita uno del otro estalló la bomba. El instalador lo había estado deseando todo el tiempo el muy cabrón. Menudo follador estaba hecho, seguro que le molaba sentir las miradas mientras trabajaba y follarse a tios buenos en las casas a las que iba.

El boli y el papel se fueron a tomar por culo y se cogieron el uno al otro como si fueran una pareja que no se hubieran visto en años, besándose con ganas, metiéndose la lengua por el hocico, tocándose por todas partes intentando quitarse la ropa el uno al otro. El técnico fue con la manaza directa al pan y le agarró el paquete a Rubén sintiendo lo dura que se le había puesto. Seguro que eso era lo que le molaba al chaval, tener a los tios empalmados mientras hacía su trabajo y después poder disfrutar de sus pollas hasta rebajárselas descargando la leche. Qué puto cabrón y qué bueno estaba. Al sentir la mano caliente en sus partes, Rubén no pudo evitar soltar un gemido ahogado, joder qué placer macho.

Como locos, se quitaron los pantalones y los gayumbos y lo que pudo ver Rubén ya le mató directamente, ese tio lo tenía todo o ¿qué? Menuda polla se sacó el cabrón, menuda manguera, la tenía medio dura y le caía a media altura, tan guapa la polla como su dueño. No iba a desperdiciar nada de ella, así que hizo lo que debió hacer cuando ese chaval entró por su puerta, agacharse y metérsela enterita hasta los huevos. Estaba tan rica y le lenaba tan bien que decidió darse el gusto de metérsela hasta la garganta y dejarla allí un ratito, mirando la cara de placer del chico al notar que su rabo entraba por un hueco más estrecho de lo normal. A Rubén ya no le hacía falta comer ese día para seguir arreglando contratos, se estaba saciando bien el hambre pasándole la lengua por el capullo y salivándola bien, lubricándola y sin dejar de mamar.

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Se la estaba dejando preparadita para que se la metiese por el culo, cuando de repente el chaval le pilló por sorpresa, le hizo sacarse la polla de la boca, se tiró al mismísimo suelo de la habitación boca abajo, le miró y le pidió que se lo follase. Rubén estaba loquito y desde luego no iba a resistirse con esa mirada y ese cuerpo desnudo todo para él. Para no perder tiempo buscando el lubricante que ni siquiera sabía si se había traído aún, lo sustituyó por un buen escupitajo en la mano y lo condujo hasta su polla bien dura, pegándose un masaje y embadurnándolo bien de saliva hasta dejarla brillante y suavecita.

Menuda posición había cogido el cabronazo para empezar. Obligó a Rubén a ponerse encima en posición de flexiones, a ir flexionando los brazos poco a poco hasta tener la polla a tiro y se la fue hundiendo entre los cachetes del culo, abriéndose paso hasta tocar la entrada del agujero y empezar a meterla. Qué puto gusto, qué culazo tenía, super apretado pero muy tragón cuando la tuvo toda entera dentro. Rubén no podía parar de meter y sacar el rabo mientras se recreaba con la cara guapa del chaval y sus ojos, con sus gemidos y cómo se retorcía en el suelo de placer, moviendo los brazos y las piernas de gusto cada vez que lo empotraba contra el piso a base de pollazos.

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Estaba notando que como siguiese en ese plan le iba a plantar la leche dentro del culo en menos que canta un gallo, así que Rubén decidió parar y ejercer de auténtico huésped, conduciendo a su invitado hasta el sofá para darle un buen estreno. Allí se colocó a cuatro patas con la raja abierta, mirando cómo el técnico se levantaba, andando con algo de dificultad con las piernas semiabiertas por la follada que le acababa de meter, con la picha colgando enorme de un lado a otro mientras se acercaba a él. Esperó por su parte algún jugueteo previo, que le comiese el ojete, que le metiese los dedos, pero qué va, el muy cabronazo se cogió la polla y se la metió a pelo follándoselo como una bestia, petándole el culo y rebañándoselo de puta madre mientras plantaba su torso calentorro y duro sobre la espalda, abrazándolo por detrás y gimiendo al lado de su oreja.

Después de varios minutos que le supieron a gloria, el chaval le saco el rabo y lo que sintió Rubén en su culo fue indescriptible. No podía verlo con los ojos, pero se lo imaginó. El chaval cada vez gemía más rápido y fuerte, se la estaba machacando y de vez en cuando Rubén sentía el cipote acariciarle la entrada del trasero. El tio se le iba a correr ahí mismo. Un gemido más alto de lo normal terminó en varios estallidos contra su culo, hasta pudo escuchar los chorros de semen golpeándole el ojete, el gustito de las cosquillas que le hacían al impactar y al caer por la raja y por los huevos goteando hasta el suelo.

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Con el culo todavía goteando de semen, Rubén se incorporó y miró a su lefador, le observó toda la polla larga y corrida ya descargada hacia abajo pero super gorda, estaba pegando los últimos jadeos, se miraron, el chaval le echó una sonrisa de travieso, y de nuevo volvió a sorprender a Rubén cuando se arrodilló y le dijo “córrete en mi cara“. Parecía casi un sueño, aquella carita guapa de la que se había quedado prendado al entrar por la puerta, ahora estaba ahí, con sus ojos azul intenso mirándole, observando cómo se hacía una paja encima, esperando a que saliese su leche y le regase. Rubén no había sentido tanto gusto en su vida, empezó a fluirle la lefa por el rabo y lo soltó todo, le pringó el pelo dejándole toda la gomina encima y antes de nublársele la vista del gusto, pudo ver su leche depositarse sobre esos preciosos ojos azules.

Al recuperar los sentidos, vio al chaval con la cara llena de semen y sonriéndole. Rubén se agachó y empezó a limpiarle la cara con la lengua saboreando toda su lefa. Al chaval le estaba molando aquella guarrada por las risitas que que echaba y se quedó quieto hasta que se la dejó limpita. Mientras se recomponían, se preguntaron uno al otro si les había gustado, pero sobraban las palabras. Aunque el loft tenía todos los espacios abiertos, Rubén le indicó el lugar para que se lavase la cara o se pegase una ducha, pero se llevó otra sorpresa más al ver que el chico le decía que no hacía falta, se ponía el uniforme y se despedía de él con un beso, guiñándole un ojo y lanzándole una sonrisa mientras se marchaba, ahí con toda su lefa encima. La verdad es que la gente no iba a notar si era sudor o qué, porque se la había relamido antes, pero le puso bien cerdaco el hecho de que decidiese irse con todo su amor encima.

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