[Fucker Mate] Antonio Aguilera le infla el culo y la boca de polla a Hugo Arias en “Mad Men”

La estresante vida de trabajo diario que llevamos, obliga al cuerpo a rebajar tensiones y no hay nada mejor para evadir a nuestra inquieta mente que la relajación que produce ver un buen folleteo, algo que, de alguna forma, consigue abstraernos de todo lo que nos rodea y sacar nuestros instintos más primarios, haciéndonos olvidar durante un rato los números, las cuentas, la agenda y las broncas del jefazo.

Hugo Arias y Antonio Aguilera son unos chavales modernos y muy liberales que comparten piso y por eso Hugo apenas se sorprende al abrir la puerta y encontrarse a Antonio viendo una porno en el portátil. Antonio le pregunta si quiere ser como el tio al que le están dando por culo y a Hugo le falta tiempo para soltar la americana y ponerse de rodillas sin que se lo tenga que pedir. Cuando pillas a tu compi de piso viendo porno y todavía vestido, cabe esperar que al ponerse de pie te sorprenda con algo que nunca habías visto antes entre sus piernas, el tamaño real de su pollita, esa que de reojo siempre has mirado mientras meabas y él se estaba duchando.

Hugo ya intuía cuando estaba flácida que eso tenía pinta de tener unas dimensiones descomunales, pero jamás había llegado a imaginar que podía serlo tanto. Sin necesidad de abrirle todavía el paquete, simplemente acercando la cara, ya puede sentir su olor rezumando por encima de los vaqueros. El chaval se recrea todo lo que quiere olisqueando, rebozando la cara, palpando con las manos haciendo y marcando el dibujo del contorno de la enorme polla.

De fondo no dejan de sonar los gemidos de la peli que se ha dejado puesta en el ordenador. Antonio se abre el pantalón por la bragueta como si fueran las páginas de un entretenido libro y Hugo se prepara para leerle el cuento. Nada menos que el de una grandota caperucita roja con su capucha. Hugo hace de lobo feroz y le quita la capucha a la chiquilla, que se convierte en un tremendo pollón alucinante y enorme, un mazacote duro con todos sus huevos bien puestos, y la empieza a mamar dejándole toda su rabiosa saliva encima.

Qué buena polla, toda recta y gorda de principio a fin, por la que ya empieza a asomar un cipote rosáceo igual de gordo y apetitoso. Hugo no para de salivar como un perro y en uno de los repasos que le mete, le deja un buen colgajo de babas cayendo de todo el tronco. Antonio está deseando hacer desaparecer su rabo dentro de él, lo coge de la cabeza y le tapa la nariz como si le fuese a hacer una aguadilla en la piscina y le fuerza un poco para que se la trague entera. Se queda a unos milímetros de tocar la base del pene con los labios, buenas tragaderas tiene el cabrón. Impresionante el primer plano comiéndosela entera y Antonio autopajeándose usando su cabeza agarrándola entre coronilla y frente y metiéndole un bombeo que flipas.

Ni para quitarse la camisa deja de comerle el rabo mientras se va desabrochando los botones, haciendo después lo propio con su compi de piso y descubriendo ese cuerpo musculoso y suave con el que sólo podía soñar por las mañanas al levantarse y verlo de lejos en la ducha a través del espejo. Cuando escuchaba los jadeos de las tias que llevaba a casa, mientras se las follaba al otro lado de la pared en la habitación contigua, se pajeaba imaginando que era él el que estaba sintiendo su polla y su fuerza. Ahora lo tiene para él, a plena potencia, completamente empalmado, probando de primera mano el sabor y la dureza de ese cacho pollón que tantas alegrías ha dado a tantos culos, bocas y coños.

Ahora es él el protagonista. Ya no hace falta que imagine mientras se hace una paja, por fin va a conocer los secretos que hacían gemir como locas a aquellas chicas tras las paredes, por fin es hora de sentir el placer de ese rabo gigante clavándose dentro de su culo y dejándoselo bien abierto. Nunca pensó que estaría tan preparado para recibir semejante polla, pero le tenía tantas ganas que se abre de par en par y le termina entrando como la seda, hasta se sorprende a sí mismo metiéndole una culeada hacia atrás hasta tener el rabo dentro.

Antonio pierde la cabeza y empieza a comportarse como un animal salvaje dejándose llevar por el gusto en la polla. Le planta boca abajo bien pegadito al reposabrazos del sofá donde hace un rato estaba a solas viendo porno y le mete una reventada acojonante, enfilando toda la polla hasta el fondo y haciéndole un batido de huevos estamándoselos contra la raja del culo. Alucinante cómo le entra la barra, suavecita pero ajustada como un guante. Hugo le pide que no pare y le deje el culo bien abierto. Ahora ya sabe por qué las tias gemían como posesas al tener esa polla dentro de ellas.

Ya que han cruzado la línea entre compañeros y follamigos, Hugo decide hacer realidad una de sus fantasías mientras se pajeaba a solas escuchando las folladas de su colega al otro lado, tomar asiento y ensartarse encima de su rabo, haciéndole un pajote con el culo. Antonio se queda empotrado en el sofá mirando cómo ese culazo sube y baja y se traga su polla hasta hacerla desaparecer. Amoldado a su pollón, lo coloca contra el cristal del balcón y le sigue metiendo rabo. Pedazo pelotas marca el cabronazo de Antonio mirándole desde abajo, alegra las vistas a cualquiera, no me extraña que sea uno de los más deseados entre los dos sexos, cojones grandes y gordos que le cubren toda la entrepierna, unos buenos cojones de macho.

Hugo se tumba en el sofá boca arriba, con su rabo curvadito empalmado mirando hacia el techo. Antonio va a buscarle con la polla gorda moviéndose lentamente de lado a lado por su gran peso. Según se acerca a Hugo con ese pollón enfundado en el preservativo, el rabo se le ve cada vez más grande, no me extraña que el chavl abra tan bien el culo para recibirla. Le empuja hacia abajo las piernas apoyándose en los muslos y dejándole abierto de par en par mientras le empala. Cogiendo asiento de nuevo, Hugo aprovecha la postura con la que soñaba para cascarse un pajote mientras siente el rabo entrarle dentro. El tio suelta toda la leche que cae a chorrazos como pintura blanca en el suelo y apenas le da tiempo a poner la cara cuando Antonio ya está soltando lefa por la polla y le planta un buen lefote espeso desde las patillas hasta la boca. Hugo se queda regalando una preciosa sonrisa, con la cara mojadita mirando cómo gotea la leche por la raja del ciruelo y se le antoja sacar la lengua y saborear lo que queda encima del rabo llenándose la boca una vez más. Una imágen final para correrse bien a gusto.

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